Establecer prioridades claras
Una vez que comprendemos con claridad los conceptos de cartera de oportunidades y de los Comunes, debemos establecer prioridades claras. ¿Estamos apoyando una sociedad en la que las personas solo se consideran consumidores con poder adquisitivo, o imaginamos una sociedad en la que se respeta la dignidad humana garantizando que todos tengan acceso a la abundancia que ofrece la Naturaleza, y que las necesidades básicas de todos queden cubiertas, sin poner en peligro que las generaciones futuras disfruten de lo mismo? La Economía Azul orienta ante todo la innovación y el emprendimiento hacia iniciativas que respondan a las necesidades básicas de todos aquellos con quienes compartimos la vida en este planeta. El Informe sobre la Situación Social en el Mundo 2025 de las Naciones Unidas confirma que más de un tercio de la población mundial vive con entre US$ 2,15 y US$ 6,85 al día. Incluso un contratiempo menor puede sumir a las personas en la pobreza extrema. En lo que respecta al agua, la alimentación, la vivienda, el empleo y la atención sanitaria, aproximadamente el 25 % de la población mundial queda desatendida por la economía globalizada y vive en la pobreza. Tras décadas de mejoras graduales, en los últimos años estamos siendo testigos de un empeoramiento de las estadísticas.
Décadas de desregulación, privatización y austeridad han desencadenado una reacción social, sembrando desconfianza e ira política. Aún más inquietante es el hecho de que el 50 % de los jóvenes del mundo queda excluido de ella. Solo uno de cada dos jóvenes tiene alguna posibilidad de llegar a ganar un salario digno. Bajo el modelo de negocio actual, corremos el riesgo de que la mitad de los jóvenes del mundo permanezca desempleada, buscando oportunidades en otros lugares, provocando enormes olas de emigración, tentados por el dinero fácil de las drogas, la extorsión o el comercio sexual. Una parte importante de quienes sí tienen empleo no gana lo suficiente para comprar una vivienda a lo largo de toda su vida.
Un alcance directo y trazable hacia quienes hoy quedan fuera
Ya existen muchas grandes iniciativas orientadas a mejorar la eficiencia en el uso de los recursos, reducir el impacto del cambio climático, disminuir los niveles de contaminación o eliminar sustancias tóxicas. Lo que distingue a la Economía Azul es que todo proyecto que se diseña, apoya, ejecuta o en el que se participa tiene un alcance directo y trazable hacia quienes hoy quedan fuera. Ser circular no basta, ya que mejora la competitividad de la industria pero no responde a las necesidades básicas de todos. Sabemos, por experiencia, que aplicando el diseño de sistemas y utilizando carteras de oportunidades, se puede llegar a todos y todos pueden beneficiarse.
Una iniciativa, muchas necesidades resueltas
El poder del diseño de sistemas radica en que una sola iniciativa tiene el potencial de responder a muchas necesidades al mismo tiempo. Cuando nos embarcamos en la producción de viviendas sismorresistentes en el altiplano andino utilizando diversas especies locales de bambú, respondimos a la necesidad urgente de vivienda. Crear 50 casas unifamiliares prefabricadas al día (que se vendían a aproximadamente US$ 1.000 la unidad) exigía plantar 2.000 hectáreas de bambú para garantizar el suministro de este material de construcción renovable. Una vez que el bambú alcanzaba los 25 metros, lo que lleva unos tres años, se cosechaba. Mientras esto ocurría, la zona comenzó a producir agua filtrada, ya que se purificaban los efluentes contaminados procedentes de los asentamientos informales situados más arriba, en el altiplano. La iniciativa de vivienda social respondió a las necesidades de vivienda, agua y empleo.
Papel a partir de piedra triturada
Al investigar la producción de papel a partir de piedra triturada, un residuo de la minería, nuestro objetivo no era solo ofrecer una alternativa de producción local al papel de comercio internacional fabricado con celulosa de árbol, sino también reducir la huella de carbono de la fabricación de papel. Como la fabricación de papel de piedra no requiere árboles y usa muy poca agua, esta iniciativa alivia la presión sobre las fuentes de agua potable y libera enormes recursos de tierra. Estos recursos de tierra pueden usarse ahora para restaurar bosques autóctonos o ampliar tierras agrícolas que produzcan alimentos para la población local. Como resultado de este enfoque sistémico, respaldado por modelización informática, esta iniciativa logró producir papel competitivo en precio y calidad, ahorrando al mismo tiempo 20 árboles y 60 toneladas de agua por cada tonelada de papel producida, y consumiendo un 60 % menos de energía. Ahora que ya no necesitamos árboles para fabricar papel, los ecosistemas pueden liberarse de monocultivos como las plantaciones de pino y eucalipto, conocidas como «bosques vacíos», que han provocado el agotamiento del suelo fértil sin que se hayan implantado medidas para reponer los nutrientes de cara a las generaciones futuras.
Aunque el papel no se considera una necesidad básica, su modelo de producción actual repercute negativamente en la capacidad de suministrar agua y alimentos para uso local. La fabricación de papel de piedra, en cambio, mejora las condiciones de vida, ya que contribuye a minimizar los efectos adversos del proceso minero, al eliminar las presas de relaves que exponen a la población local al polvo y a la filtración de ácidos hacia los cursos de agua. Ayuda a reducir el polvo fino en suspensión, una causa comprobada de enfermedades respiratorias. La innovación más reciente permite mezclar la roca triturada con polímeros sintéticos o renovables y aire, reduciendo el peso medio del papel de piedra hasta igualarlo con el del papel de celulosa. Por eso, el proyecto del papel de piedra no es solo una oportunidad de generar valor a partir de un residuo. Además, ofrece oportunidades para mejorar el suministro de agua y la pureza del aire, liberar tierra para la producción de alimentos y mejorar las condiciones de vida, al tiempo que genera cien empleos por cada 100.000 toneladas de roca convertidas en papel de piedra, un producto 100 % reciclable de forma indefinida, sin necesidad de destintado y sin competir por el agua.

