Lo que la Naturaleza ofrece, para el Bien común de todos
Cuando comprendemos que tenemos la capacidad de transformar los problemas interconectados en carteras de oportunidades, tal como ocurre en la Naturaleza, podremos responder a las necesidades básicas de todos con productos y servicios estratégicos para la vida, que pueden ofrecerse localmente a un coste mucho menor, para el Bien común de todos. Hay una lógica contundente detrás de esto. La Naturaleza no solo nos da aire, alimentos, agua, sustancias químicas y minerales, sino también genética, medicina y belleza. Regula el clima, descontamina y mineraliza el agua, y convierte los residuos en alimento. La Naturaleza previene la erosión, mantiene la fertilidad del suelo, poliniza y equilibra las plagas y las poblaciones. Mantiene los ciclos de vida y la diversidad genética. Todo esto potencia la vida y nos permite a todos compartir lo que tenemos. Es lamentable que los Comunes naturales estén, en el mejor de los casos, desatendidos y, en el peor, explotados; los pastos se sobrepastorean y el aire se contamina. Peor aún es que algunos crean tener derecho a tomar de la Naturaleza todo lo que puedan, sin darle ningún respiro para fortalecer su capacidad de hacer frente a una demanda excesiva. Más inquietante todavía es cuando los servicios que ofrecen los Comunes naturales se privatizan y se monetizan, como el suministro de agua potable. ¿Cómo podemos ofrecer con fines de lucro lo que se necesita para vivir?
Los Comunes, explotados más allá de su capacidad de regeneración
Los Comunes, como los acuíferos de agua de manantial, se explotan más allá de su capacidad de regeneración, convirtiendo a menudo el agua (la esencia de la vida que pertenece a todos) en un producto comercial que se embotella (sobre todo en botellas de plástico) y se transporta por todo el mundo. La genética está en juego (y muchos «inventos» no son más que el descubrimiento de algo que la Naturaleza diseñó y creó hace millones de años), con el único propósito de explotarla para intereses comerciales, reservando así el acceso a ella solo a quienes pueden pagarla. Resulta alarmante ver cómo las abejas y otros insectos polinizadores se ven afectados por el uso irreflexivo y sin regular de sustancias tóxicas. Aunque las consecuencias no deseadas se consideran daño colateral y se dan por perdidas, esas empresas conservan sus licencias de funcionamiento y siguen dañando los Comunes en nombre del llamado progreso y de la productividad. ¿Cuándo se dará cuenta la gente de que, sin un servicio gratuito de polinización, no habría fruta, verdura, vino ni frutos secos en nuestras mesas? ¿O acaso la polinización debería convertirse en un servicio exclusivamente privado y comercial?
El suelo, la fina piel de la Tierra
El suelo, y la generación y mineralización continuas del suelo fértil, es otra parte de nuestros Comunes naturales que resulta crucial para nuestra supervivencia a largo plazo, y sin embargo se descuida en su mayor parte. Parece existir una fe ciega en que la modificación genética, la hidroponía, la nutrición creada en laboratorio, los sistemas informáticos con IA y la vigilancia satelital de los patrones climáticos cambiantes ayudarán a producir todos los alimentos necesarios para alimentar a nueve mil millones de personas. La dura realidad es que, sin un suelo rico en carbono, o «tierra negra», no habrá una agricultura sostenible para las generaciones futuras. Hoy el suelo se explota con la visión simplista de que basta con añadir nitrógeno, fósforo y potasio para aumentar la productividad, ignorando el hecho de que una riqueza de microorganismos, cada uno con un papel muy específico en la Naturaleza, prospera en el suelo fértil, al que llamamos la «fina piel» de la Tierra.
La tierra y el mar no solo se sobreexplotan con los métodos actuales de agricultura y pesca; los nutrientes se consumen sin reponerlos, los bosques se consideran plantaciones madereras y se talan sin replantar con diversidad biológica. Esto genera condiciones climáticas desequilibradas, como resultado de aumentos drásticos de temperatura y de la acidificación del aire, el agua y el suelo. Con esta comprensión, un enfoque de Economía Azul garantiza que cualquier nueva iniciativa fortalezca la capacidad de la Naturaleza para seguir ofreciendo productos y servicios gratuitos y abundantes, que van desde el suelo, los alimentos y el agua hasta la belleza.

