Productos y servicios de los que podríamos prescindir perfectamente
El modelo dominante de producción y consumo en todo el mundo crea aquello que sostiene y nutre la vida, pero también genera numerosos productos y servicios de los que podríamos prescindir perfectamente. El ser humano es la única forma de vida en la Tierra que ha creado un modelo de producción y consumo semejante, que consume innecesariamente recursos valiosos y genera volúmenes masivos de desechos. Un enfoque de Economía Azul, sin embargo, considera cómo podemos reemplazar muchos de los artefactos de la vida moderna que consideramos indispensables por sistemas alternativos que satisfagan las necesidades y ofrezcan los servicios de valor. Aunque los ingenieros, los responsables de la cadena de suministro y los diseñadores tradicionales están formados para replicar lo ya conocido, nuestra experiencia sugiere que aventurarse en lo desconocido es uno de los procesos de pensamiento clave que nos permite ser innovadores. Esto abre espacio para los emprendedores.
Los delfines pescan sin redes
Cuando observamos cómo la Naturaleza afronta una gran variedad de desafíos, comprobamos que las soluciones se mantienen simples y la química es benigna. Esta observación ofrece una gran inspiración para el diseño de nuevas tecnologías y la implementación de nuevos modelos de negocio que nos permitan ir más allá del «negocio como siempre». Por ejemplo, los delfines pescan sin redes. Las redes de pesca, especialmente las redes de arrastre, vacían el océano de todos los peces y dañan el ecosistema, al tiempo que capturan muchas formas de vida marina no deseadas que no comemos. A esto se suma la consecuencia no deseada de que esta técnica de pesca destruye el fondo marino con tal de capturar nuestro alimento. Los delfines, en cambio, pescan generando burbujas de aire en el océano que elevan a los peces más pequeños hacia la superficie y permiten que los peces más grandes escapen para reproducirse. Esto es claramente práctico y sostenible, dado que los delfines han logrado alimentarse con esta técnica durante alrededor de un millón de años. Los seres humanos llevan pescando 6.000 años, recurriendo inicialmente a lanzas, anzuelos, trampas y redes de mano, para pasar después a redes enormes, radares, drones y dispositivos electrónicos para localizar peces, e incluso a recurrir a la dinamita y a los ácidos. Estas formas de pesca han provocado la sobrepesca, que ha llevado al colapso de las pesquerías en todo el mundo. La sustitución de las redes por el uso de burbujas de aire abre un nuevo mundo que incluye la capacidad de recuperar poblaciones de peces agotadas, al salvar a las hembras con huevas, que son más pesadas y no quedan atrapadas en el flujo ascendente de burbujas. Así pues, el desafío consiste en diseñar embarcaciones de pesca que capturen peces con burbujas de aire, sustituyendo las «redes» por «nada».
La física del vórtice sustituye a la química
La misma lógica se ha aplicado al tratamiento del agua dura. Habitualmente, el agua se trata con productos químicos para eliminar el carbonato de calcio en suspensión. El flujo del agua a través de un vórtice, el remolino natural del agua basado en las observaciones de Victor Schauberger, el silvicultor austríaco que estudió el flujo del agua durante décadas, aumenta la presión sobre las partículas en suspensión, que sedimentan rápidamente en un tanque de retención. La física del vórtice sustituye a la química, reduciendo los costes de inversión y los gastos operativos, y mejorando el rendimiento al sustituir la química por «nada».
Plantear la pregunta del no
La sustitución de «algo por nada» es un principio poderoso que nos permite simplificar un proceso, evitar el consumo de materiales y recursos, reducir la dependencia de la energía y eliminar causas de sufrimiento social y ambiental. Este es quizá uno de los cambios más fundamentales respecto a la práctica tradicional de «inventar mejor» y mejorar lo que ya existe. No se trata de desafiar lo que se ha logrado, sino más bien de una pregunta profunda que podemos formularnos cada vez, para alcanzar nuevas perspectivas sobre lo posible, en lugar de limitarnos a intentar reducir el daño. La clave está en la determinación de plantear «la pregunta del no»: qué no puedo lograr cuando no utilizamos lo que tradicionalmente se ha utilizado. La ausencia de una batería (usando el almacenamiento de agua y volantes de inercia), de productos químicos (usando el asombroso poder de un vórtice de agua) y de la red de pesca (usando burbujas como hacen los delfines) abre nuestra mente para imaginar nuevas posibilidades, inspirándonos en la Naturaleza. Las posibilidades son infinitas si estamos dispuestos a dejarnos sorprender por el ingenio que podemos encontrar en la Naturaleza, siempre que estemos dispuestos a mirar.

